La curiosa dieta de Harvard” es un escrito sobre reflexiones propias acerca de las dietas y recomendaciones que algunos especialistas del sector sanitario prescriben a sus incautos pacientes. Héroes sufridores.

¿Por qué escribo este artículo?

Alguien tiene que defender el aceite de oliva virgen, la dieta mediterránea y los buenos hábitos alimenticios que implica su uso. Pero reconozco que se me va a ir de las manos.

La defensa del ignorante: “la mía”

Desde la ignorancia y el atrevimiento inconsciente, formulo una serie de afirmaciones que podrán suscitar ciertas críticas. Seguramente estas detracciones serán merecidas y emitidas por verdaderos expertos en la materia. No como yo, un amateur imprudente e insensato. Aceptaré estas diatribas con humildad. Bajaré la cabeza. Pero no niego que mi boca se ladeará mostrando cierta sonrisa sarcástica.

Este artículo de tono humorístico está basado en la experiencia cercana de un buen amigo y en la mía propia. Estoy convencido de que no es general y que podrás encontrar otras vivencias muy diferentes. Sin ir más lejos, las de mis padres, que se mueven por el sistema sanitario “como pez en el agua” y establecen relaciones con los profesionales como si fueran amigos íntimos. Incluso les felicitan por su santo y se dirigen a ellos por su nombre de pila.

ADVERTENCIA a endocrinos que tratan enfermedades y no enfermos.

Si eres un endocrino no comprometido con los pacientes es el momento idóneo para dejar de leer. Si prosigues, te aseguro que te vas a arrepentir. Por extensión, si ejerces como médico iracundo, también te puedes sentir ofendido independientemente de tu especialidad, lo cual me alegra. Solo quiero recordaros que los comentarios que me dejéis no son publicados si llevan insultos, así que tendréis que ser educados e ingeniosos.

El sistema exclusivo

Fiestas hay muchas, pero que te toque una cita médica es algo excepcional. Un lunes lluvioso, esto no tiene relación, pero parece que dar datos pone algo de contexto. Mi querido amigo se dispuso a visitar a un endocrino. Perdón, “El Señor endocrino” de la Seguridad Social (S.S.).

Para aquellos que no sepan lo que es la S.S., lo explicaré. Es un sistema sanitario universal que básicamente consiste en dar citas con un año de antelación con el objetivo de que en ese tiempo, el enfermo fallezca o bien se reponga espontáneamente. También existe la posibilidad de que la dolencia sea tan grave, que al final, opte por acudir al servicio de urgencias y se salte 365 de prórroga innecesaria.

¡A urgencias NO!

Por supuesto este proceso es desaconsejado por las autoridades ya que satura los Centros de Salud y los Hospitales. La gente es de un inconsciente supino, suele ir a estos centros recreativos a pasar el tiempo, con lo bien que se está en casa con tus dolores y/o malestares. ¿Quién narices aguanta con una enfermedad sin diagnosticar y tratar tanto tiempo?

Aunque en ocasiones te sorprenden con la famosa frase: “Pero hombre, como no ha venido usted antes“. Eso me pasó con un pulmón perforado por una costilla y una espera de tres horas de urgencias. El médico en esto es tan paciente como el enfermo, no es responsable y no debería ser culpado de ello, faltaría más.

Un año después…

Ese día, uno se presenta frente a un hombre ataviado con una bata inmaculada. ¿Será que piensa que los sufridores les pueden manchar con padecimientos? Bueno, más bien el uniforme le otorga cierto poder para dar veredictos más allá de sus informes y, en ocasiones como esta, basados en su propia opinión o su experiencia y no tanto en los estudios. ¡Ojo que no he comenzado con los reproches!

“Aclaro que el término paciente procede de padecer, no de pacer”.

Sin cruzar la mirada, le das tiempo a que aquella eminencia decida si debes o no sentarte a esperar “el veredicto”. Así que, el paciente “cero” (así llamare a mi amigo) toma la iniciativa. Saludó y optó unilateralmente por ocupar la silla incómoda situada estratégicamente para contemplarle. ¡Con un par! y sin consentimiento alguno, a lo loco. Hasta el mobiliario está pensado para que tu estancia sea breve, he estado en reclinatorios de madera con astillas más cómodos.

Todo está bien, pero…

Se mantuvo el silencio durante largos segundos, el doctor estudiaba los datos de las tablas con inusitada atención. No es de extrañar, habían tardado más de tres meses en dar los resultados de un análisis realizado algunos meses atrás.

Con ensayada pausa se quitó las gafas de cirujano, esas que se separan por delante como si se independizara cada lente por un lado y las colocó sobre el pecho. Buenas noticias, finalmente le miró a los ojos y dijo la famosa frase: “todo está bien, pero…” ¡Pero qué¡, ¡qué demonios! o está bien o no, y prosiguió: “Los índices de azúcar están un poco altos” – y aquí comienza la tragicomedia- “Para mi es usted diabético y así le voy a considerar“.

Bueno, pues llegado este punto tenemos dos opciones. Levantarte e irte indignado con el pseudodiagnóstico o considerar al facultativo un buen profesional y aguantar lo que se viene encima. Lo cierto es que hasta ese momento no parecía preocupado por el paciente, de hecho, podría haber entrado un perro a la sala y hubiera tardado unos diez minutos en darse cuenta de que los resultados no eran para el cánido.

El temido “Ya que”

La cosa no mejoró, a partir de ese momento la situación entró en barrena. Si creías que tu problema con el azúcar era serio, el Doc. desplegó, con la misma arbitrariedad, la presunta lista de dolencias: colesterol del malo (pero si a mi nunca me ha hecho nada), hipertensión (ya estamos, la sal vuela por la ventana de la cocina)… vamos, un “ya que” en toda regla.

Después de un listado que parecía no terminar nunca, el paciente “cero” tenía más posibles enfermedades que efectos secundarios cualquier medicamento. Por lo menos sabía que no estaba embarazado y, por tanto, se podría establecer una batería de pastillas que por si solas van a darte sustento de por vida. No está mal, le van a quitar los potenciadores de sabor, las grasas, el alcohol… no sé si va a vivir más, pero se te va a hacer eterno.

El maldito tratamiento

La consulta estaba próxima a su fin, como regalo final le hizo unas preguntas sobre hábitos alimenticios y ejercicio físico. Te adelanto que da igual la respuesta, lo estas haciendo mal seguro, aunque seas un atleta de élite y te asesore un nutricionista titulado por Oxford, bueno si es de Harvard quizá te salves.

Si corres, deberías caminar. Si caminas deberías nadar. Si haces mucho ejercicio, error. Si haces poco, obvio: error (en esto estoy de acuerdo). Si comes carne, error, si no la comes… adivina: “¡ERROR!”. Así que te dejas llevar por el momento y te planteas si dar rienda suelta a tus malos hábitos.

Por fin, concluida ya la reprimenda por tus costumbres poco saludables decidió darte el tratamiento. Con sobriedad, abandonó de nuevo el contacto visual y solicitó que abandonara la consulta. No sin antes pedir a su auxiliar que le hiciera entrega de la famosa dieta de las 1800 calorías.

En ese momento te formulas la siguiente reflexión: “Menos mal que todos los parámetros están dentro de lo normal y ando una media de 10 km diarios. Me temo que si los resultado de la analítica no hubiesen sido corrientes, el médico me habría sacrificado allí mismo”.

La famosa dieta Harvard

El momento de la dieta Harvard

Huyó de aquel juicio final con la sensación de que el mundo se le venía encima, que aquellos síntomas que nunca habían aparecido le invadían de pies a cabeza y el famoso colesterol malísimo se apoderaba de él en coalición con la pérfida azúcar… ¡Cómo no te va a subir la tensión arterial y las pulsaciones!

Se acercó a la mesa dónde las jóvenes auxiliares esperan su comentario, abrió la boca y con voz débil le indicó que el doctor le había comentado que solicitase la dieta de 1800 calorías. Se miraron unas a otras y apuntaron: “la de 1800”, como algo que hicieran de forma rutinaria. Sin necesidad de abandonar la silla se giran y toman de una librería llena de cubículos un par de folios. Había de 1200, de 1400, de 1600… un sinfín.

Aceite de canola, ¿De verdad?

Ya tienes en tus manos la 1800. La tomas entre las manos y con interés e intensidad inicias la lectura de lo que posiblemente sea tu triste día a día a partir de ese momento. Pero en la primera frase de la docta dieta Harvard te encuentras la siguiente frase:

“Los aceites saludables (como el aceite de oliva o canola)”

Dieta Harvard de 1800

Mi buen amigo, sabía perfectamente cuál era la grasa vegetal conocida por aceite de canola. Pero, con el fin de entretenerse, le traslado su posible duda sobre qué es y dónde encontrarla a la auxiliar. La joven profesional se sonrió y le regaló un gesto de negación.

Quizás algunos o la mayoría de mis lectores no lo sepan, pero este aceite es, en realidad, el que goza de peor fama en nuestro país. Lo conocéis como aceite de colza y os informo que efectivamente es la segunda grasa vegetal con más propiedades nutricionales. Pero, como es lógico debido a los problemas que ocasionó en la salud pública el consumo de este ingrediente adulterado, no es posible adquirirlo en ninguna tienda de nuestras ciudades.

La segunda frase afirma que has de limitar el consumo de margarina y entre paréntesis: mantequilla. Perdón, ¿Limitar cuánto? ¿Cuál es el consumo aconsejable? Por último, la mantequilla no es margarina, una es de origen animal y otra vegetal. Aquí comienzas a plantearte que tu futura salud está pensada más bien para ingleses que para gentes de esta tierra.

Continúa con Perú

“Mientras más vegetales y mayor variedad, mejor. Las patatas (papas) y las patatas fritas (papas fritas/papitas) no cuentan”.

Dieta Harvard de 1800

Confirmado, esto se ha escrito en inglés y se ha traducido a español, pero de otro continente. ¿Quién llama aquí papitas a las patatas fritas? Todavía papas, en las islas Canarias tendría una explicación. A partir de este momento, mi amigo decidió tomarlo con mucho humor y compartir sus comentarios con las enfermeras que no dejaron de reír.

“Come mucha fruta, de todos los colores”

Dieta Harvard de 1800

Anecdóticamente, recordó un familiar que tenía diabetes y el médico le restringió su consumo de fruta a una pieza al día. Él respetó el tratamiento pero, sus niveles no bajaban, quizá se debiera a que su “unidad diaria” era una sandía y cuanto más grande mejor. Independientemente de esta pequeña e imprudente treta, te planteas: ¿Qué tiene el color que ver con la dieta de reducción calórica, baja en azúcar y destinada a disminuir la tensión? Supongo que, llegado el momento de la carne, indicará que la verde no es conveniente. En esto último estaremos de acuerdo.

Los líquidos

“Tome agua, té o café (con poco o nada de azúcar). Limite la leche y lácteos (1-2 porciones al día) y el jugo (1 vaso pequeño al día). Evite las bebidas azucaradas”.

Dieta Harvard de 1800

Bueno, pues para tener la tensión elevada lo bueno es que no me le quitan el café. Pero tendré que ir al mercado a comprar “jugo”. Por favor: ¿Jugo?, ¿jugo de lácteos?… ¿qué es un vaso pequeño? Afortunado por otro lado, no dice nada de bebidas con alcohol, así que una cerveza y un vino para acompañar a las frutas de colores será la cena ideal. Efectivamente es la “dieta Hard Bar“.

Granos

Si es que van provocando.

“Coma una gran variedad de granos (cereales) integrales (como pan de trigo integral, pasta de granos integral, y arroz integral). Limite los granos refinados (como arroz blanco y pan blanco)”.

Dieta Harvard de 1800

Aquí ya “Hard Bar” se vino arriba. No hubiera sido más sencillo decir que se consuma gran variedad de cereales integrales (el arroz, el trigo, el maíz, la cebada, la avena y el centeno) y en sus elaboraciones de pastas y panes. ¿Por qué esa fijación con poner granos a todo? ¿Sufrió de acné juvenil y no lo ha superado?

Las proteínas saludables: habichuelas

Escoja pescados, aves, legumbres (habichuelas/legumbres/frijoles), y nueces; limite las carnes rojas y el queso; evite la tocineta (“bacon”), carnes frías (fiambres), y otras carnes procesadas.

Dieta Harvard de 1800

Señor D. Harvard, ¿qué quiere decir con “habichuelas“? Para su información, solo en algunas comarcas se llama habichuelas a las judías. Pero, si se refiere a la habichuela como la entienden en Hispanoamérica, le aclaro que son sinónimo de frijol, judía blanca,​ poroto, chingadilla, grano (sí, grano, grano, pero no del integral), pocha, faba, chícharo, caraota y finalmente alubia. Quizás quiso decir simplemente legumbres, leguminosas y judías verdes. Nuestras enfermeras en ese momento ya reían a carcajadas.

Ni tocineta, ni bacon, en todo caso beicon y su forma correcta es panceta ahumada. ¡Anglicismos a mi, lo que faltaba!

Prosigamos, nadie va a comprar carnes frías, adquiere fiambres o el bello nombre de chacinas, ya en desuso.

Para cerrar, sellos y escudos

Para finalizar el folio de la gran dieta te encuentras a un monigote saltando por encima de un copyrightHarvard University) como si fuera una valla con el slogan: “MANTÉNGASE ACTIVO”. Esto se lo dice a un hombre de 65 años, en el primer intento, me parto la cadera. Pero, me quedo con la alegoría de “saltarse la dieta” y de este modo cogió el resto de los folios que se supone, ayudan a entender la régimen, y con una sonrisa les hizo el siguiente comentario:

“Díganle al médico que no haré esta dieta, que no se entiende nada”.

Al pie de la hoja dos sellos para dar empaque y autoridad a lo anterior. Uno de Harvard T.H. Chan School of Public Health y otro de Harvard Medical School.

En casa continúa la lectura

Lamentablemente el resto del contenido no aporta más información, ni medidas, ni porciones, cantidades aproximadas… cuestiones como “servidas en un plato o empacadas”, “coloque en su refrigerador”, “aceites parcialmente hidrogenados”, “la figura roja corriendo sobre el mantel” (¿Qué demonios querrá decir esto? ¡Si además son fotocopias en blanco y negro!)… No incitan a seguir indicación alguna de una dieta saludable.

Un consejo a este profesional

Quisiera recomendarle a este profesional los beneficios de la dieta mediterránea que refrenda el estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea). Se trata de un ensayo multicentro y multidisciplinar realizado en España. No es Harvard pero aquí también se hacen cosas importantes.

La base de este estudio sobre la dieta mediterránea suplementada con aceite virgen extra de oliva.

Cositas del estudio para profesionales de Harvard

Los participantes de PREDIMED fueron hombres (55/80 años de edad) y mujeres (60/80 años de edad), sin enfermedad cardiovascular en inicio (nuestro paciente “cero” ya contaba con un infarto de ventaja), que tenían diabetes mellitus tipo 2 (de verdad, no como la de mi amigo), o al menos tres de los siguientes factores de riesgo (los cumple todos): tabaquismo, hipertensión, elevación de los niveles de LDL, niveles bajos de HDL, sobrepeso u obesidad (bueno, este no, no es una sílfide pero no está gordo) o una historia familiar de enfermedad coronaria prematura.

Los grupos de dieta mediterránea recibieron aproximadamente un litro de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE), y los del grupo control no consumía AOVE. No se aconsejó restricción calórica, ni se promovió la actividad física. Los participantes recibieron consejo dietético trimestral y sesiones educativas de grupo. El objetivo primario del estudio fue comprobar la influencia del consumo de esta grasa vegetal y su relacción con un infarto de miocardio, ictus y/o muerte por causas cardiovasculares.

Tras casi cinco años de ensayos, los autores concluyen que entre las personas con alto riesgo cardiovascular, una dieta mediterránea suplementada con aceite extra virgen de oliva o frutos secos reduce la incidencia de problemas cardiovasculares graves y reduce los niveles de azúcar en sangre. Todo ello, sin eliminar la “tocineta”.

Cierro y sentencio

Si tenemos la mejor dieta del mundo, la más variada y saludable, ¿Por qué demonios tenemos que dar dietas de Harvard? Más aceite de oliva virgen extra y menos canola inaccesible.

Pero si no queda otra, hágalo de forma seria y no con unas fotocopias mal transcritas, que no tienen en cuenta ni la edad, ni la actividad física de cada uno.

Cada paciente es un mundo, ¡Tómese a sus enfermos en serio, Doctor “Hard Bar“!

Dedicatorias e identificación

Dedicada a las auxiliares que atendieron al paciente cero: Mi querido y apreciado amigo 😉 No pienses que iba a respetar el anonimato.

Aclaro que algunas, muy pocas, de las circunstancias vividas están noveladas.

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La curiosa dieta Harvard
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"La curiosa dieta de Harvard" es un escrito sobre reflexiones propias acerca de las dietas y recomendaciones que algunos especialistas del sector sanitario prescriben a sus incautos pacientes.
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La Cocina de Koketo
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2 comentarios en “La curiosa dieta de Harvard o Hard Bar”

  1. Triste y cierta escena la que presentas aunque lo haces con tal gracia que ya estoy deseando que algún/a médico de atención primaria me derive al endocrino para vivirla en primera persona. Como te decía, un escena que quien más y quien menos ha sufrido en ésta o en otra especialidad. Profesionales de “lo suyo” pero analfabetos en habilidades sociales y en dar trato de PERSONA al paciente. A esto contribuye un sistema sanitario que, sin desmerecer sus muchas virtudes, limita a los/as profesionales la posibilidad de prestar una atención de calidad. Médicos que no miran a la cara. Yo lo he sufrido y lo llevo fatal. Frente a esto hay un movimiento cada vez mas activo y un grupo de profesionales, cada vez mas numeroso, que han tomado conciencia y tratan de mejorar ese trato al paciente. En Albacete hay una iniciativa que se conoce como “Hola, me llamo” que pretende hacer mas cercano y humano el trato del/de la médico a sus pacientes. Un abrazo grande

    1. Hola Carmen, me llamo… me parece que esta iniciativa es un gran acierto. Gracias por tu comentario, siempre es un placer leer tus aportaciones y tu punto de vista sobre lo que escribo. Sin duda hay que hacer justicia y contar las bondades del sistema sanitario, los grandes profesionales que hay y también intentar sacar el lado bueno de estas vivencias. Gracias Carmen, ten una excelente semana.

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